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Trabajo libre
seleccionado por el X Congreso de la de Sociedad ORL de
Pediatría y Fonoaudiología y III Curso Internacional de la Sociedad Argentina de la Voz
¿Juegan algún papel los afectos en
las enfermedades orgánicas de la voz?
Es cada vez más frecuente la necesidad de
trabajar interdisciplinariamente frente a las enfermedades, no solo
para el profesional, sino para los enfermos. Prueba de ello es este
Congreso. La ciencia avanza y nos demuestra la complejidad de la
vida y también del ser humano y una multitud de medicinas
diferentes se reparten distintos sectores de esa realidad compleja.
El consenso avala la inclusión de los afectos tanto en el hombre
que padece, como en el equipo de profesionales que lo atiende, pero
no siempre se tiene conciencia del papel que juega y de que manera
interviene. Se suele hablar de enfermedades psicosomáticas, pero
¿tenemos clara idea de lo que eso significa?
Acuden a la consulta pacientes que dicen ser derivados por
padecer enfermedades de origen nervioso, por ejemplo disfonías,
afonías, problemas respiratorios o pacientes con cáncer de laringe
que consultan para sobrellevar la situación traumática que están
por o que acaban de padecer. Pero lo que no es tan frecuente es
comprender de que manera los afectos conflictivos pueden
trasformarse en una enfermedad.
Digámoslo más claro ¿pueden los dramas no resueltos de
nuestras vidas, llevarnos al punto de enfermarnos orgánicamente?. En
nuestro país el Dr. Chiozza se ha dedicado desde hace más de
cuatro décadas a la investigación psicoanalítica de las
enfermedades orgánicas y en su libro ¿por qué enfermamos? nos
invita a reflexionar, a través de conceptos y experiencias
clínicas, sobre la enfermedad como un acontecimiento que se integra
con el conjunto entero de la biografía de una persona.
Es decir que muchas de las cosas que callamos o nos negamos a
sentir las expresamos con los órganos, de esta manera la enfermedad
deja de ser un acontecimiento ajeno y externo a nuestra historia
psíquica y emocional. Dice el Dr. Chiozza: “que entender y
analizar las causas físicas de una enfermedad resulta tan
importante como recuperar la historia inconsciente y su relación
con todas las vicisitudes de la biografía de una persona que
culminan en la crisis que se manifiesta en la enfermedad”. Este es
un concepto revolucionario que cuesta aceptar, pero los que
trabajamos con enfermos orgánicos desde este enfoque
psicoanalítico, nos resulta cada vez más convincente esta teoría.
Al profundizar en las historias biográficas de estos pacientes se
va haciendo cada más clara la razón de ser o mejor dicho el
sentido de ese síntoma en esa vida. Como integrante de la: Sociedad
de la Voz, me referiré explícitamente a estas patologías, sin
descontar que este concepto es aplicable a cualquier otra.
Alguien dijo que la voz es el resultado de las vibraciones del
alma, deberíamos pensar entonces que cualquier alteración de la
voz corresponde a una alteración en el alma, eso lo saben muy bien
los actores o cantantes a la hora de interpretar un papel, dado que
deben poder trasmitir con su voz los distintos estados de ánimo
correspondientes al personaje, que siempre representa algún aspecto
de la vida de cualquiera de nosotros.
Los especialistas en enfermedades de la voz son consultados a
menudo por enfermos que padecen trastornos que afectan las cuerdas
vocales, aquellos que deben servirse de su voz para el desempeño de
su profesión: locutores, cantantes de ambos sexos, y en particular
los tenores y las sopranos, artistas dramáticos, actores o
actrices, preceptores, maestros de escuela, conferencistas,
profesores, abogados, etc., son los mas afectados por perturbaciones
de la voz, aunque es evidente que estas alteraciones pueden
presentarse también en aquellos que no son profesionales. Los
profesionales de la voz se preocupan profundamente desde el momento
en que descubren que está alterada su expresión vocal. Si están
acatarrados se los ve como enloquecidos, pues para ellos la voz
tiene una importancia capital.
Si reflexionamos un poco veremos que las afecciones no se
producen en cualquier momento de la vida de una persona y menos aún
de la vida de un profesional de la voz. Basta con recordar las veces
en que muchas funciones, clases o conferencias han debido ser
suspendidas, porque se han despertado acatarrados, afónicos. ¿Qué
hacer? Pedir ¡socorro!, ¿suplicar “el milagro” al especialista
de la voz?
Si el síntoma no es agudo y posiblemente pasajero, sino
crónico, entonces la situación es más grave. Si se trata de un
artista que toma conciencia de que su voz no es la misma, se
resfría con frecuencia, tose o tiene carrasperas, o algún
conferencista o maestro que siente que se queda sin voz, el drama se
avecina. Comienzan las dudas, las preguntas ¿podré o no podré
continuar con mi profesión? ¿Se acabará aquí mi carrera? Se los
ve preocupados, angustiados, ansiosos, deprimidos. Se pone en crisis
su identidad.
Dejando de lado los síntomas de fatiga vocal producidos por un
mal entrenamiento, o mala técnica - que también tienen su
significado- generalmente la aparición del síntoma, está ligado a
algún hecho trascendental de la vida de esa persona que por alguna
razón es vivido conflictivamente, y que le produce sentimientos por
ejemplo: de culpa, de miedo, de bronca, de impotencia, de dudas
acerca de su capacidad, de su futuro. Si estos sentimientos no se
pueden asumir como afecto, es decir sentirlo en la conciencia por el
dolor que provoca, o por oponerse a proyectos largamente
acariciados, pues entonces se reprimirán es decir se harán inconscientes
y se expresará como afección es decir como enfermedad. Por eso
resulta de fundamental importancia recuperar el sentido inconsciente
de ese síntoma, sólo así se podrá elaborar los conflictos que en
ellos se esconden y que motivan la enfermedad.
Un capítulo aparte merecen los enfermos de cáncer de laringe,
patologías seriamente graves tanto física como psíquicamente,
dado que compromete de manera muy traumática toda su existencia,
aún en aquellos casos de evolución favorable. Cuanto más grave es
el síntoma más necesario se hace comprender el drama que oculta
esa enfermedad.
Los que trabajamos recuperando el sentido inconciente de los
síntomas, nos encontramos muchas veces gratamente sorprendidos con
remisiones de la enfermedad, o con resultados óptimos frente a las
terapéuticas. Y en aquellos casos en que la enfermedad avanza hasta
concluir con la vida, el comprender que sentido tiene terminar su
vida de esa manera ayuda a morir con menos sufrimiento no solo en el
enfermo sino también en el entorno familiar.
Para concluir vale la pena mencionar un tema importante, “el
envejecimiento de la voz”, pocas veces tenido en cuenta, y que es
curioso observar como muchas veces se independiza de la edad
cronológica, nos encontramos con personas jóvenes que presentan
voces envejecidas, descendidas de tono, desvitalizadas y otras veces
con personas de edad avanzada con voces frescas, joviales, vitales,
vale la pena reflexionar al respecto puesto que la voz tiene “un
alto componente de identidad”.
Sin embargo otro tema es la llamada presbifonía, trastornos de
la voz típicos de las personas mayores, y que es una voz débil, de
baja intensidad que no caracteriza ninguna enfermedad en particular
pero que producen dificultades de comunicación y de autoestima. En
un mundo donde envejecer está cada vez más desacreditado, donde el
anciano está más aislado, en otras palabras donde cada vez tienen
menos “voz y voto” tal vez ese síntoma que generalmente mejora
con rehabilitación vocal, es decir con sentir que a alguien le
interesa que se exprese, nos dé la pauta de la importancia que
tiene la comunicación y la consideración por el otro para los
seres humanos.
Foto de tapa: C.Lynm
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